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Un abogado con más manos: cómo uso IA en mi práctica jurídica sin ceder el criterio

Un abogado con más manos: cómo uso IA en mi práctica jurídica sin ceder el criterio

Me preguntan seguido si uso inteligencia artificial para mis escritos, casi siempre con un poco de sospecha. Sí, uso: armé skills con Claude que se ocupan de lo mecánico, mientras la decisión jurídica sigue siendo mía. Acá cuento qué le delego a la máquina y qué no.

MF
Miguel Fernando Díaz
Abogado · Fundador de Dikaia
16 de junio de 20265 min de lectura

Un lunes cualquiera tengo sobre la mesa tres liquidaciones para revisar, una contestación de demanda que vence el jueves y un sumario del MTESS notificado el viernes. Hace dos años eso era una semana de trabajo, buena parte de ella tecleando rubros en una planilla y copiando artículos del Código a un escrito en blanco. Hoy el grueso de lo mecánico lo hace una computadora. Yo me quedo con la parte que de verdad es de abogado: decidir.

Quiero contar cómo funciona eso en concreto, porque "uso IA" no dice nada. La pregunta útil es qué le doy a la máquina y qué me reservo.

Primero, qué es una skill#

Conviene aclarar la palabra, porque está de moda y se la usa hasta en español sin traducir. Una skill es un paquete de instrucciones especializadas que le cargás a un asistente de IA para que resuelva una tarea concreta siempre de la misma forma. No es una pregunta suelta tirada al chat. Es conocimiento puesto de antemano: el método, los pasos, la ley que aplica y los errores que no hay que cometer.

Yo trabajo con Claude, el asistente de IA de Anthropic, que permite armar estas skills. A cada una le dejé por escrito cómo resuelvo una tarea jurídica y qué normativa paraguaya rige. Una calcula liquidaciones. Otra redacta escritos laborales. Otra contesta sumarios del MTESS. La cargo una vez y la uso cien.

La diferencia con tirarle una pregunta a un chatbot genérico es la misma que hay entre un pasante que recién llega y uno al que ya le enseñaste cómo trabajás. La skill ya sabe que el preaviso tiene escala, que la prescripción de un sumario se cuenta de cierta forma, que un escrito laboral abre con determinada estructura. No improvisa cada vez. Aplica mi método.

Tres de esas skills son las que más uso. Cada una me saca de encima una capa distinta de trabajo.

La cuenta que no se equivoca#

Una liquidación laboral por despido injustificado tiene seis rubros, y cada uno se calcula sobre una base distinta. La indemnización y el preaviso van sobre el promedio de los últimos seis meses. Las vacaciones, sobre el salario actual. El aguinaldo, sobre lo devengado en el año en todo concepto. Si el trabajador cobraba comisiones o hubo un aumento reciente, esas bases no coinciden, y ahí es donde se pierde plata sin que nadie lo note.

La skill de cálculo hace esa aritmética sin un solo error de tipeo, con el artículo del Código al lado de cada rubro. Me devuelve la cuenta completa en segundos.

Lo que no hace, y no le pido que haga, es el encuadre. ¿La salida fue despido injustificado, retiro justificado o renuncia? ¿El trabajador pasó los diez años y entra la estabilidad del art. 94, que cambia toda la conversación? Esa calificación es la decisión jurídica, y es mía. La máquina suma bien una vez que yo definí qué hay que sumar.

El borrador que me ahorra la página en blanco#

La página en blanco es el peor enemigo de quien redacta. No por falta de ideas, sino por el tiempo que se va en armar el andamiaje: el encabezado, la competencia, los hechos en orden, el derecho con sus citas.

Para demandas y contestaciones laborales tengo una skill que me arma ese andamiaje en minutos. Estructura procesal correcta, fundamentación normativa con los artículos que corresponden, el esqueleto listo para que yo trabaje encima.

Y subrayo encima. La teoría del caso (qué historia cuento, qué hechos pongo al frente y cuáles dejo en segundo plano, qué pruebas ofrezco y en qué orden) no sale de ningún modelo. Sale de leer el expediente y de conocer al juzgado. El borrador es de dónde arranco, no lo que firmo. Entre el borrador y la firma está mi trabajo entero.

La defensa que arranca por la prescripción#

Contestar un sumario administrativo del MTESS tiene una mecánica propia. Hay plazos, hay excepciones, hay defensas que sirven para un tipo de infracción y no para otro. Buena parte de eso es conocimiento que se repite caso a caso.

La skill de sumarios conoce ese procedimiento y las defensas tipo. Cuando me llega una resolución de instrucción, me ordena las imputaciones y me arma la base de la contestación con la prescripción opuesta en forma, que es por donde casi siempre conviene empezar.

Pero si esa prescripción efectivamente corre, qué documentación probatoria presento, si negocio o voy a fondo: eso depende del caso concreto y de la empresa que tengo enfrente. La estrategia no se delega. Se consulta con la máquina y se decide con la cabeza.

Lo que la máquina no firma#

Hay una línea que no se cruza, y conviene decirla fuerte porque es la que sostiene todo lo anterior. La IA no firma un escrito. No comparece a una audiencia. No responde ante el cliente cuando algo sale mal, ni ante el juez cuando hay que dar la cara. Esa responsabilidad es del abogado matriculado, entera, y no se reparte con una herramienta.

Por eso reviso todo. La cuenta la rehago, la cita la verifico contra la ley, el borrador lo reescribo. La IA me adelanta el 70% del trabajo mecánico; el 30% que queda es justamente el que decide los casos, y ahí no hay atajo.

De skill propia a producto#

Lo que cuento acá no nació como plan de negocio. Nació de una necesidad de mi propio estudio: dejar de perder horas en lo repetitivo. Recién después me di cuenta de que otros abogados tenían el mismo problema, y varias de estas skills hoy son productos que estoy construyendo bajo Dikaia.

Lo que la inteligencia artificial me devolvió no es velocidad, aunque también. Es tiempo para pensar como abogado en vez de teclear como amanuense. La máquina se quedó con la parte aburrida. Yo me quedé con la parte que estudié.


Este artículo describe mi forma de trabajar, no una recomendación sobre casos concretos. Cada expediente pide el criterio de un abogado sobre sus propios hechos.

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